Meta dispara su inversión para liderar la superinteligencia

Meta redobla su apuesta por la inteligencia artificial y decide destinar muchos más recursos para desarrollar sistemas avanzados que la posicionen en la cima de la competencia tecnológica global.

Meta dispara su inversión para liderar la superinteligencia
Meta busca liderar la superinteligencia con una inversión millonaria

La compañía fundada por Mark Zuckerberg decidió aumentar en alrededor de 73% su presupuesto destinado al desarrollo de superinteligencia artificial. Se trata de una movida que busca reposicionar a Meta frente a gigantes como OpenAI, Google y Microsoft. La apuesta se concentra en construir modelos cada vez más potentes que, en el futuro, puedan superar ampliamente las capacidades humanas en múltiples tareas.

En el mundo tecnológico se habla de superinteligencia como un estadio teórico de la IA, en el que los sistemas no solo igualan, sino que superan el rendimiento humano en razonamiento, creatividad, toma de decisiones y resolución de problemas complejos. Aunque ese escenario todavía parece lejano, las grandes empresas del sector ya destinan miles de millones de dólares para no quedarse atrás.

La decisión de Meta llega en un contexto de fuerte competencia: mientras OpenAI avanza con modelos cada vez más sofisticados y Google refuerza su ecosistema de IA generativa, Zuckerberg busca que la compañía deje de ser vista solo como la dueña de Facebook, Instagram y WhatsApp, y pase a ser un actor central en el desarrollo de esta tecnología.

Qué implica la superinteligencia y por qué preocupa

En términos simples, la superinteligencia sería un tipo de IA capaz de aprender y mejorar por sí misma de manera continua, analizando enormes volúmenes de datos en muy poco tiempo y generando soluciones que hoy están fuera del alcance humano. Para especialistas en el tema, este salto podría traer avances inéditos en salud, ciencia y productividad, pero también abre interrogantes sobre el control y la seguridad de estos sistemas.

Frente a este escenario, varias compañías del sector comenzaron a crear comités internos de ética, protocolos de evaluación de riesgos y mecanismos de supervisión externa. Meta no es la excepción: la empresa viene impulsando grupos de trabajo dedicados a seguridad en IA, aunque organizaciones críticas sostienen que todavía falta mayor apertura sobre cómo se entrenan y usan estos modelos.

Para países como Argentina y la región, el avance de gigantes como Meta implica desafíos y oportunidades: desde la necesidad de adaptar marcos regulatorios hasta la chance de aprovechar estas tecnologías en sectores productivos, educativos y de servicios, siempre con la discusión abierta sobre quién controla los datos y con qué fines.

Mientras tanto, la decisión de incrementar en un 73% el presupuesto de superinteligencia confirma que la próxima gran disputa tecnológica ya está en marcha y tendrá como protagonistas a un puñado de empresas que concentran poder económico, infraestructura y capacidad de innovación a escala global.

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