Santa Fe: pánico por la caída de piñones gigantes en un barrio

Vecinos de barrio Roma, ciudad de Santa Fe, viven días de tensión por la caída de enormes piñones desde viejas araucarias ubicadas en la vereda, que ya provocaron daños materiales y generan miedo a que alguien resulte herido.

Araucarias en barrio Roma y piñones caídos sobre la calle

Imagen: El Litoral

Sobre la calle Juan Díaz de Solís al 2400, en pleno barrio Roma, enormes araucarias plantadas en la vereda se convirtieron en un riesgo latente. De sus copas caen piñones que, según relatan los vecinos, pueden llegar a pesar hasta 4 kilos. El combo de altura, tamaño y peso transforma cada caída en un verdadero proyectil.

Frentistas de la cuadra aseguran que ya hubo accidentes con vehículos estacionados, que amanecen con abollones y parabrisas dañados. La principal preocupación, sin embargo, es que uno de esos frutos termine impactando sobre una persona que pase caminando o circulando en moto o bicicleta.

“Escuchamos el golpe seco cuando caen, tiembla todo”, describen los residentes, que conviven con el ruido de los piñones sobre techos, autos y el asfalto. La situación se vuelve más crítica en la época del año en la que el árbol libera la mayor cantidad de frutos.

Un árbol emblemático que plantea un dilema urbano

La araucaria es una especie valorada por su porte y su sombra, y forma parte del patrimonio verde de muchas ciudades. Sin embargo, cuando crece a gran altura en veredas angostas o sobre trazas muy transitadas, se transforma en un desafío para la seguridad vial y peatonal.

En distintos puntos del país ya se registraron reclamos similares por la caída de piñas y ramas pesadas desde ejemplares de gran tamaño. Especialistas en arbolado urbano recomiendan evaluaciones técnicas periódicas y, si corresponde, podas de seguridad o readecuación del arbolado para reducir el riesgo sin perder superficie verde.

En barrio Roma, los vecinos piden que las autoridades municipales intervengan con urgencia. Plantean alternativas como una poda controlada, la colocación de señalización preventiva o incluso el reemplazo gradual de los ejemplares por especies menos riesgosas para zonas residenciales.

Mientras tanto, muchos optan por no estacionar sobre esa cuadra y caminar por la vereda de enfrente para evitar el radio de caída. “No queremos esperar a que haya un herido grave para que alguien actúe”, remarcan.

La discusión vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de planificar el arbolado público con criterios de seguridad, mantenimiento y convivencia con el entorno urbano, para que los árboles sigan siendo aliados y no una amenaza cotidiana.

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