Un nuevo trabajo académico advierte que los maratones de series, tan habituales en las plataformas de streaming, pueden estar relacionados con una mayor sensación de soledad y con hábitos que, sostenidos en el tiempo, impactan en la salud mental.
Imagen: BBC
El fenómeno del “binge-watching”, o consumo compulsivo de capítulos uno detrás de otro, se consolidó en la última década con el avance de las plataformas on demand. Lejos de ser sólo una forma de entretenimiento, investigadores advierten que, cuando se vuelve un hábito rígido, puede asociarse a conductas obsesivas y a un deterioro del bienestar emocional.
El estudio, citado por medios internacionales, detectó que las personas que pasan más horas haciendo maratones televisivos tienden a reportar mayor soledad percibida. No se trata sólo del tiempo frente a la pantalla, sino de la forma en que esa práctica reemplaza espacios de descanso, interacción social y actividades placenteras fuera del hogar.
Cuando el entretenimiento se vuelve compulsión
Los especialistas señalan que mirar varias horas seguidas una serie no es, por sí mismo, un trastorno. El problema aparece cuando la persona pierde el control sobre el tiempo que dedica a esa actividad, posterga obligaciones o descuida el sueño, la alimentación y el vínculo con otras personas.
En esos casos, el maratón puede funcionar como una forma de evitar emociones incómodas —estrés, tristeza, ansiedad— y reforzar un círculo de aislamiento. A largo plazo, esa dinámica se vincula con síntomas de depresión, trastornos del sueño y mayor irritabilidad.
Los investigadores advierten que quienes se sienten solos tienden a refugiarse más en las pantallas, lo que a su vez reduce las oportunidades de contacto real y termina profundizando la misma sensación de soledad. Es una relación bidireccional: la soledad impulsa el exceso de series y el exceso de series aumenta la soledad.
Claves para un consumo más saludable
Frente a este escenario, los especialistas recomiendan incorporar algunos límites sencillos para disfrutar de las producciones audiovisuales sin que se conviertan en un problema. Entre ellos, fijar un número máximo de episodios por día, evitar mirar series hasta altas horas de la noche y no usar el celular o la tablet como única compañía al momento de comer.
También sugieren combinar la rutina de series con otras actividades que favorezcan el vínculo social: salidas con amigos, espacios culturales, deporte o recreación al aire libre. En contextos urbanos, como Rosario y otras grandes ciudades, la oferta de propuestas es amplia y puede ayudar a romper el aislamiento que muchas veces se esconde detrás de la pantalla.
En casos donde el consumo de contenidos audiovisuales se vive con culpa, genera discusiones familiares o interfiere de manera marcada con el trabajo o el estudio, los profesionales recomiendan realizar una consulta psicológica. Detectar a tiempo estos patrones permite trabajar sobre la soledad, la ansiedad y otros factores de fondo que suelen pasar desapercibidos.
La advertencia de los especialistas no apunta a demonizar las series, sino a recordar que, aun en tiempos de hiperconectividad, el equilibrio y el contacto humano cara a cara siguen siendo claves para cuidar la salud mental.





Comentarios