El interés de Estados Unidos por Groenlandia volvió a exponer el rol geopolítico de la isla ártica, su vínculo histórico con Dinamarca y el paraguas de seguridad que le ofrece la OTAN en plena disputa con Rusia y China.
Imagen: El País
Groenlandia es una isla inmensa, estratégica por su ubicación en el Ártico y por sus recursos naturales, pero con una población que no llega a los 60 mil habitantes. Aunque muchos la asocian a un territorio remoto, su estatus político la coloca en el centro del tablero internacional.
Por qué Groenlandia es territorio del Reino de Dinamarca
Históricamente, Groenlandia fue colonia danesa. Desde 1953 forma parte del Reino de Dinamarca y, con los años, avanzó hacia una autonomía ampliada. Hoy cuenta con su propio gobierno y Parlamento, que administran la mayoría de las políticas internas.
Dinamarca mantiene el control de áreas sensibles como política exterior, defensa y seguridad. Eso significa que, a los ojos del derecho internacional, Groenlandia no es un país independiente, sino una región autónoma bajo soberanía danesa.
En la práctica, Copenhague y Nuuk negocian de forma constante el reparto de competencias y de ingresos por recursos minerales y pesca, mientras crece el debate interno sobre una eventual independencia.
¿Qué rol juega la OTAN en la defensa de la isla?
Como Dinamarca es miembro fundador de la OTAN, Groenlandia queda bajo la protección militar de la Alianza Atlántica. En términos prácticos, cualquier ataque contra su territorio sería interpretado como un ataque contra Dinamarca.
Eso explica la presencia de tropas europeas y de Estados Unidos en ejercicios militares en la isla. No se trata solo de maniobras simbólicas: el deshielo del Ártico abre nuevas rutas marítimas y despierta interés por reservas de gas, petróleo y minerales estratégicos.
En ese contexto se entiende el intento de Donald Trump de negociar una eventual anexión de Groenlandia o, al menos, aumentar el control estadounidense. La idea generó rechazo en Dinamarca y en la propia población groenlandesa.
Aranceles, presiones y el tablero ártico
Frente a la negativa europea, Trump llegó a amenazar con aranceles de hasta el 25% a ocho aliados, entre ellos Dinamarca, como forma de presión para que dejaran de oponerse a su plan sobre Groenlandia. Más tarde retiró públicamente la amenaza, pero la tensión quedó expuesta.
Para Washington, la isla combina ventajas militares y económicas: aloja la base aérea de Thule, clave para radares y sistemas de alerta temprana, y se ubica en una zona donde Rusia y China buscan ganar influencia.
Europa, por su parte, ve la maniobra como un test de cohesión occidental. Si un aliado poderoso como Estados Unidos presiona con tarifas sobre socios de la OTAN, el mensaje hacia Moscú y Pekín también queda bajo la lupa.
Autonomía, recursos y futuro político
Mientras las potencias juegan su partido, la sociedad groenlandesa discute su propio proyecto. El cambio climático impacta en la pesca y abre oportunidades de explotación minera que podrían modificar la economía local.
Organismos internacionales advierten que cualquier desarrollo debe respetar el ambiente y los derechos de las comunidades inuit, que constituyen la mayoría de la población. El dilema es cómo aprovechar los recursos sin perder autonomía ni identidad.
Por ahora, Groenlandia seguirá siendo territorio del Reino de Dinamarca y, por extensión, parte del paraguas de la OTAN. Pero las presiones externas dejan claro que el Ártico será uno de los escenarios clave de la política global en las próximas décadas.




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