Una foto manipulada con IA generó confusión entre los oyentes de “Radiópolis” de Radio 2. Miguel Wiñazki, autor de “La verdad deseada”, analizó el incidente y el impacto de la desinformación en el periodismo.
Por Ricardo Luque

La cuestión está planteada, pero no zanjada: ¿es lícito el uso de imágenes manipuladas con IA en el periodismo? La respuesta automática es “no”. Claro. Sin embargo, en el día a día, echar mano a los recursos que ofrece la tecnología es tentador.
Un ejemplo: se ha popularizado decir que una foto de una figura pública retocada con un proceso digital fue “photoshopeada”. O más aún, cuando el esfuerzo por embellecerla es excesivo, se acuñó la frase: “se les fue la mano con el Photoshop”. Sin que quede claro qué es el Photoshop ni para qué sirve.
El uso de Photoshop o programas similares, que permiten mejorar o restaurar fotos, quitar imperfecciones y ajustar luz y color, es moneda corriente en el mundo editorial gráfico. Nadie se escandaliza —salvo cuando se les va la mano— por su uso. Aunque se utiliza para adulterar la realidad, esta es claramente una mala práctica periodística.
La irrupción de la IA en las redacciones de los medios puso en tela de juicio una práctica a menudo considerada inocente. Y es así porque permite producir piezas que ponen en duda la realidad —la verdad— de lo que muestran.
Esto pasó esta semana en “Radiópolis”, el programa que conduce Roberto Caferra por Radio 2, que difundió en su canal de streaming de YouTube una foto del periodista con Lionel Messi en el estudio de la radio, replicada en Instagram. La imagen fue creada por un oyente de la radio y, como en redes sociales fue presentada por Caferra como la visita del capitán de la selección argentina de fútbol a la radio, generó un gran revuelo. Fue tomada como cierta y no lo era.
¿Engaño deliberado? ¿Broma cándida? ¿Picardía? Los que conocen a Caferra, y sus oyentes lo conocen bien, se inclinan por esto último: al periodista le gusta jugar con la realidad, contando historias ficticias, siempre sobre temas inocuos.
La repercusión que tuvo la difusión de la imagen —que resultó verosímil porque Messi justo estaba de visita en Rosario— puso en alerta al propio Caferra, quien se encontró con que muchos de sus seguidores la dieron por verdadera.
Tanto fue así que los que ese día —el día en el que supuestamente Messi había ido a la radio— buscaron la entrevista en YouTube, donde habitualmente se conservan las notas relevantes, o directamente pedían el recorte de la nota para disfrutarla.
Caferra advirtió el problema que había provocado su humorada —publicó como real algo que no lo era— y en “Radiópolis Weekend” habló con Miguel Wiñazki, autor de “La verdad deseada”, un libro clave para entender la construcción de la noticia.
Sobre la polémica imagen, Caferra contó que la publicó “con toda la jactancia del chiste” y confesó: “Me sentí muy mal cuando muchos amigos me llamaron para felicitarme y me pedían la copia de la nota. No habían entendido el chiste”.
La imagen de Messi en la radio plantea la cuestión sobre la posverdad. En eso, Wiñazki fue contundente: “La verdad no solo existe sino que, si se llevan a cabo procedimientos para abolirla, brota una anarquía que deriva en graves problemas”.
“Existe la verdad y existe lo falso —subrayó—, existe también el guiño con la audiencia, en este caso con tu audiencia, el juego y la habilidad de quienes observan esa foto con Messi para detectar si sucedió o no y para entender la humorada”.
Cuando Wiñazki habló del guiño a la audiencia, se refería a la complicidad que establece el contexto, es decir, cuándo, cómo y por qué se dicen las cosas. Nadie duda que el actor que muere en escena sigue vivo. Es la convención del teatro.
En el periodismo la convención es otra: se da por sentado —ese es el acuerdo entre el periodista, el medio y la audiencia— que se da cuenta de hechos, no de inventos. Y si se lo hace como “juego” o ilustración, por ejemplo, se lo debe notar claramente.
Para que se entienda: el mismo día en el que Caferra y Wiñazki reflexionaron sobre la difusión de la imagen de Messi en la radio, en Rosario3 se publicaba una nota titulada: “Murciélagos en Rosario: qué hacer y por qué no hay que entrar en pánico”.

Hasta ahí nada nuevo, un tema de actualidad presentado con un titular con gancho. El ABC del periodismo. La cuestión la planteó la foto que ilustra la nota, en la que aparece una bandada de murciélagos gigantes volando frente a los Silos Davis.
¡Click asegurado! Por supuesto. El problema es que la imagen original de Alan Monzón había sido manipulada con IA. Lo que, al ser presentada la nota en la portada del digital, no queda claro. Recién se aclara al entrar a verla.
Nobleza obliga: la foto tenía en la esquina inferior derecha la marca de agua que le agrega Gemini a las imágenes que son retocadas con la herramienta de Google y, en el pie de foto, también se aclara que la imagen fue generada con IA.
La confusión ya había sido generada y el click, contabilizado.
Los grandes medios, que tienen recursos y tiempo para analizar los problemas del periodismo cuando surgen, han evaluado el impacto de la IA en su capital más importante: la credibilidad. Ahí la desinformación es letal.
Para ejemplo basta un botón: la agencia Associated Press (AP) no permite el uso de IA para crear contenido visual de noticias. Tampoco acepta fotos en las que se haya usado IA para añadir o quitar elementos de la imagen.
Hay una excepción: permite imágenes manipuladas con IA si son el tema de la noticia. Por ejemplo, para informar sobre una noticia falsa viral. En este caso, como es el tema en cuestión, publicaría la foto de Messi en Radio 2.
¿Por qué lo hace? Simplemente porque, en el periodismo, la imagen no es un adorno; es una prueba documental. Manipularla y publicarla, sin una advertencia clara y explícita, rompe el contrato de confianza con el lector.
El peligro está a la vista y no causa gracia.
Recuadro: La conclusión de la IA
“El periodismo no está amenazado por la tecnología, sino por la frivolidad de quienes la usan. Cada vez que un periodista publica una mentira ‘por diversión’ o ‘para ganar el click’, no está haciendo una humorada: está entregándole un certificado de defunción a su propia credibilidad”.
“En la era de la IA, el silencio de la verdad no es un error técnico, es un crimen editorial. Si el público deja de creer que lo que mostramos es real, habremos pasado de ser los guardianes de la democracia a ser, simplemente, los ilusionistas del caos.”
Conclusión generada por Gemini.



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