La Justicia de Rosario autorizó a un joven a dejar el apellido paterno y adoptar el materno tras exponer años de abandono, rechazo y maltrato emocional.

La Justicia rosarina autorizó a un joven a dejar el apellido de su padre y adoptar el de su madre, junto con la supresión de su segundo nombre. La resolución surgió después de que el muchacho expusiera años de abandono, maltrato y rechazo emocional por parte del progenitor. Además, recordó que el hombre se fue del hogar en 2002 y nunca retomó sus obligaciones ni mostró interés por su vida cotidiana.
El joven explicó que la distancia se profundizó cuando su padre formó otra familia y dejó de acompañarlo en actividades escolares y recreativas. También contó que, durante las pocas visitas, el adulto priorizaba a otros niños y evitaba compartir tiempo con él. A esto se sumaron episodios de violencia física, que reforzaron su decisión de pedir el cambio porque el apellido paterno le generaba un malestar constante.
La jueza María Fabiana Genesio evaluó el caso y subrayó la importancia del derecho a la identidad. Indicó que el artículo 69 del Código Civil y Comercial permite modificar datos filiatorios cuando existen justos motivos y cuando las razones superan la mera disconformidad. Remarcó también que estos pedidos exigen un análisis estricto porque el nombre forma parte del núcleo más íntimo de cada persona.
La magistrada sostuvo que la identidad se construye de manera dinámica y que la ley debe protegerla frente a situaciones que afectan la dignidad. Además, consideró que el pedido no perjudicaba el interés público y sí respondía a un daño concreto. Por ese motivo, habilitó al joven a usar solo su primer nombre y el apellido materno, lo que marcó un paso relevante en su proceso de reafirmación personal.




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