Costo o comodidad: ¿por qué la gente no va al cine?

NOTA DE OPINIÓN POR JAZMÍN AMADO Estudiante Centro Educativo Latinoamericano

En los últimos diez años, se registró una reducción de más del 51,5% de espectadores en las salas de cine en todo el país. Las razones son variadas, desde la comodidad, hasta los precios.

En el mes de julio, a pesar de las vacaciones de invierno y del plan familiar clásico que es el ir al cine, la cantidad de asistentes en las salas de cine fue de apenas 4,7 millones, una caída del 20,9% en comparación con el año pasado en el mismo mes.

No se registraban cifras tan bajas –sin contar la pandemia– desde el 2009, incluso, datos relevaron que en un julio de pandemia se vendieron apenas unas 3.550.000 millones de entradas.

Para entender las cifras hace falta solamente ver las de los tres años anteriores, proyecciones como las de “Intensamente 2” (2024), “Barbie” (2023) y “Minions” – Nace un villano (2022)  durante el mismo mes llegaron a manejar números que van desde la más chica con 2 millones a las más grande con más de 4 millones de entradas vendidas, contra las 1.4 millones que recaudó Jurassic World: Renace (2025), la cual lidera los ranking este año.

Desde expertos hasta las mismas personas señalan diferentes razones por las que podría estar ocurriendo esto.

Algunos motivos

Como la principal causa, se podrían señalar los precios. En Rosario las entradas a los cines para el público general rodean desde los 5.500 pesos hasta los 13.000 pesos aproximadamente. Si bien este no es un desfasaje exorbitante con respecto al parámetro internacional, teniendo en cuenta el contexto económico del país representa una cifra significativa –sin contar lo que conlleva una salida: comida y transporte–.

A su vez, muchas personas señalan que falta variedad en las funciones. Escasas subtituladas y apuntando como exageración que se programen más de 7 funciones para una misma película con tan poco intervalo en los horarios y diversidad de géneros.

El cansancio de ver remakes, obras conocidas adaptadas o películas que parecen haber sido realizadas con el único propósito de vender. Para ejemplificar esto, 16 de los estrenos populares cumplen con estas características.

Expertos relacionan esta saturación de reinterpretaciones o secuelas a la huelga de actores y guionistas ocurrida en 2023 y 2024. La cual llevo a que los estudios tuvieran que adelantar estrenos –caso de Intensamente 2 (2024)– o directamente realizar algunos que se sintieron improvisados ­­–como Moana 2, la cual fue producida e ideada como serie original de Disney+ –, lanzando obras por lanzar.

A esto se suma que el rendimiento en las salas es hipersensible a la inversión publicitaria que invierten los grandes en las películas, afectando a propuestas más innovadoras como Better Man (2025), la cual a pesar de tener excelentes críticas tuvo una promoción pobre en comparación a los costos de la misma.

Además, se nota la ausencia de lo que se llaman “películas evento”. No se han vuelto a presenciar el cómo personas hagan filas larguísimas para entrar a las salas como pasaba con las películas de Marvel antes de la pandemia. Lo más similar que ha ocurrido recientemente fue el estreno de Spiderman No Way Home (2021) o el fenómeno del llamado “Barbenheimer” en 2023.

La fuerza de los servicios de streaming tiene también una gran influencia

Aunque el cine proporciona un nivel de inmersión que no puede ser llevado a cabo en un living, cada vez hay más gente que prefiere ver películas desde su casa.

Inclusive el mismo Martin Scorsese explicó por “The Guardian” que aunque siempre se ha mantenido como un fiel defensor de las salas reconoce que “la gente habla, se levanta a comprar comida, está sentada con el móvil y ahoga las voces de los actores con sus conversaciones” haciendo la experiencia incomoda.

La incapacidad actual de  concentrarse por un largo periodo de tiempo en una cosa, la sobresaturación de contenido disponible y la comodidad que ofrecen los modelos, por razones lógicas representan una oportunidad aprovechable para los espectadores.

La disminución de lo que se llama “ventana de exclusividad” –este es el período de tiempo durante el cual un producto, en este caso la película, se distribuye o se ofrece de manera única a través de un canal específico, en otras palabras el cine– también está relacionada. Durante el 2020 y sus años posteriores esta se ha achicado significativamente. Los usuarios prefieren esperar un par de meses, hasta días, para ver los estrenos desde Netlix, Hbo max, Disney+, entre otras.

Posibles soluciones

  1. Implementar lo que se denomina un Tanteo Walrasiano con respecto al costo de los precios. Según Tom Rothman, presidente de Sony Pictures, agregar dinamismo en los precios puede aumentar la cantidad de espectadores. Procedió a ejemplificar con comparar lo que cuesta ver una película un viernes por la noche a un martes a mitad del precio.
  2. Bajar los costos de lo complementario a la entrada, o sea “la salida al cine”: principalmente comida y transporte.
  3. Ofrecer más variedad de funciones y películas. Ofrecer más subtituladas y ampliar las opciones de contenido.
  4. Depositar más confianza en los reestrenos. Por ejemplo, a raíz de la pandemia y la popularización de aplicaciones como Letterboxd, ha resurgido el amor a la historia del cine entre jóvenes. Según “The Guardian”, estos se inclinan más por ver producciones antiguas a estrenos súper taquilleros. Funciones de películas como Chungking Express (1994), Interestellar (2014) o Eterno Resplandor De Una Mente Sin Recuerdos (2004). Ofrecer más reestrenos podría asegurar la presencia de cinéfilos que abogan por las producciones independientes o con excelentes críticas.
  5. Acortar la duración de los anuncios.
  6. Crear eventos temáticos.
ver nota relacionada
RLC Noticias de Rosario la ciudad

Comentarios