La construcción en Rosario sufre un freno en obras privadas y públicas, mientras los costos y el empleo generan preocupación en el sector.

El sector de la construcción atraviesa un escenario de fuerte incertidumbre y observa con inquietud la evolución de la economía. Tras la paralización de la obra pública nacional en noviembre de 2023, la actividad sufrió una caída cercana al 30%, con impacto directo en el empleo y en el consumo de insumos. Aunque luego la situación se estabilizó, en la actualidad se detecta un freno también en el ámbito privado, donde varios proyectos inmobiliarios permanecen suspendidos a la espera de condiciones más favorables.
Según la Cámara Argentina de la Construcción en Rosario, el problema central radica en que los costos de materiales y mano de obra aumentan de manera sostenida, pero el mercado inmobiliario no convalida esos incrementos. Este desfasaje genera un clima de retracción que amenaza con profundizar la desaceleración.
En paralelo, el sector aguarda definiciones sobre el presupuesto nacional 2026, dado que el año anterior solo se destinó un 0,6% del PBI a infraestructura, cifra considerada insuficiente para impulsar el desarrollo. Mientras tanto, Santa Fe aparece como una excepción, ya que mantiene en ejecución obras de envergadura que sostienen cierta actividad empresarial en la región.
La expectativa inicial de una reactivación a través de la construcción privada, potenciada por la cosecha récord luego de tres años de sequía, todavía no logra materializarse. En cambio, se percibe un deterioro progresivo de la dinámica general del sector.
El dirigente Rubén Llenas remarcó que la construcción no representa únicamente un motor económico. También funciona como herramienta de inclusión, progreso y equidad, ya que una mejor infraestructura reduce costos y eleva la competitividad de toda la economía.




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