A pocas semanas de las elecciones presidenciales del 17 de agosto, Bolivia sufre una de sus peores crisis económica y sanitaria.

Bolivia enfrenta una fuerte crisis económica y sanitaria tras registrar un alza de inflación en el primer semestre de 2025 y el mayor brote de sarampión de Sudamérica. La situación se desarrolla en medio de bloqueos impulsados por seguidores de Evo Morales, una creciente escasez de dólares y un bajo nivel de vacunación infantil.
Por un lado, la economía de Bolivia sufrió un alza de inflación del 15,53 % en el primer semestre de 2025. Esta cifra que duplica la proyección oficial del 7,5 % y marca el nivel más alto en casi veinte años. Asimismo, el país enfrenta una escasez de dólares que limita la importación de combustibles y encarece los alimentos básicos. No solo eso, los bloqueos organizados por seguidores de Evo Morales interrumpieron el abastecimiento y agravaron el desabastecimiento.
Por otro lado, la aparición de 74 casos de sarampión y 600 sospechosos desencadenó una emergencia sanitaria. El primer contagio se detectó el 23 de abril en un bebé que ingresó desde Brasil. A partir de entonces, Bolivia registró el brote más importante de Sudamérica. Frente a esta situación, el gobierno lanzó una campaña de vacunación casa por casa y adelantó las vacaciones invernales para contener la propagación.
El viceministro de Vigilancia Epidemiológica, Max Enríquez, advirtió que solo la mitad de los niños cuenta con dos dosis contra el sarampión. Por tanto, instó a los padres a completar el calendario de vacunación y reforzó el trabajo con brigadas móviles.
En este contexto, las próximas elecciones presidenciales del 17 de agosto adquieren un matiz crítico. La combinación de presión inflacionaria y crisis de salud amenaza la estabilidad social. Por consiguiente, el Gobierno mantiene los subsidios a los combustibles y descarta un ajuste cambiario, pese a las voces que reclaman medidas más drásticas.




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